Cusco y las piedras de su Palacio Arzobispal (7 min read)

A poco más de 1,000 kilómetros de Lima, la ciudad de Cusco es la puerta al Valle Sagrado y todas las maravillas arqueológicas del mundo inca, Machu Picchu incluido. Con cerca de medio millón de habitantes pero más de dos millones de visitantes al año, es la capital peruana del turismo.

Históricamente es el centro Inca más importante, floreciendo en el sXII hasta una serie de batallas entre los incas comandados por Manco Inca Yupanqui que duró cerca de 40 años en el sXVI, tras las cuales, los españoles se asentaron definitivamente allí, dando origen a este sincretismo que se respira a cada paso en la ciudad.

Los puntos de interés en la ciudad son innumerables; museos, templos, la catedral, restaurantes (ufff), bares, cafés, patios, … La lista de opciones en la ciudad es tan nutrida y variada como gustos y presupuestos la visiten.

Pero hubo un lugar al que, a pesar del poco tiempo que estuve en la ciudad, regresé tantas veces como pude: el Palacio Arzobispal a un par de cuadras de la Plaza de Armas de Cusco. Y lo más chistoso: jamás entré. Los muros de piedra maciza, antigua residencia real inca, sobre los que el palacio Arzobispal fue construido son, en sí, una maravilla absoluta. Y no me refiero sólo al hecho de esculpir, mover y montar semejante tamaño de rocas y hacerlas encajar a la perfección –no cabe una aguja entre los bordes, sin mortero– es mucho más que la más sofisticada ingeniería. Es arte. Punto.

La base del edificio es perfectamente cuadrangular,

Plano del palacio arzobispal
Plano del palacio arzobispal

Empezamos en la esquina noroeste del edificio caminando hacia el este, hacia arriba. Caminamos por la calle Hatun Rumiyuq, que se traduce como “la calle de la roca grande/mayor”, pero pues viendo el muro a nuestra derecha, no está claro a cuál exactamente se refiere. “LA roca mayor”. Es una sola. El coro de turistas de un lado de la calle y vendedores ambulantes del otro es lo que nos da el lugar exacto.

Y, ¡madres, sí! es enorme la hijueputa.

Nos sentamos un rato entre dos vendedores ambulantes para apreciarla un rato. “No mano, muchas gracias, hoy no busco ni cuarzos, ni ópalos, ni atrapasueños, ni crack, ni yerba. Gracias”, declinamos la amable oferta del vendedor sentado al lado nuestro. “Sí, me queda claro que algunos de esos me ayudarían a entender mejor tantas cosas, pero no, en serio: gracias”.

Un par de grupos de turistas pasan y nos robamos tomamos prestadas algunas de sus frases. “La piedra de los doce ángulos es un monolito esculpido en diorita cuyo peso se estima alrededor de las seis toneladas (🤯)“, dice el primer guía. “Se considera la piedra angular del muro; si ésta fuera removida, toda la estructura se derrumbaría”, interesante encontrar una piedra angular tan baja. “A la vuelta, sobre el mismo muro, encontraremos el puma y la serpiente”. ¿Un puma y una serpeinte? Chingá, se escucha interesante.

Seguimos caminando y nos metemos a la derecha en un callejón que pinta poco. A la izquierda hay algunas tiendas de baratijas de turistas pero poco más. Buscamos la serpiente o el puma en el muro. Nada. A lo mejor sí regresamos por los facilitadores que nos ofrecía el hippie hace rato 🤔. Nada. Piedras y piedras. Del tamaño de un coche, pero sólo piedras.

¿Ves el puma aquí? Wait for it…

El puma
El Puma, o la pared donde está el puma.

Chingá, allí debería estar, o por lo menos eso entendí. Y de repente, la buena vibra de nuestro amigo el hippie nos golpea de lleno…

El puma delineado.
El puma delineado.

La colocación de las piedras no es circunstancial, eso es la silueta de un puma sí o sí. Y nadie nos va a juzgar si nos detenemos aquí unos segundos, minutos o meses a contemplar y recoger la mandíbula del suelo.

Tras un rato de quedarnos pasmados, viendo las piedras una a una y hablar con unas chavas canadienses para tomar una foto en particular (el problema de viajar solo), llegamos al fondo del callejón para ver la tercera pared del palacio. Aunque las piedras son enormes y tiene tanto mérito como las otras, tras el espectáculo de los anteriores muros, esta pasa un poco menos espectacular. Aún así piedras de 9 y 10 ángulos sobre las que hay más preguntas que respuestas. Nos detenemos un rato en el café Manos Unidas, donde Sebastián, un chico con síndrome de down nos explica la carta y sugiere el café expreso para esa hora de la tarde. Aprovechamos la mesa para hacer algunas notas, reacomodar la mochila, revisar fotos y descansar un rato. Buen café.

Audífonos, playlist en random y a seguir caminando.

Giramos por última vez aún alrededor del Palacio Arzobispal –no sin antes ver de reojo como un bar de cervezas nos hace ojitos y responderle con una sonrisa–, la calle Herrajes es de subida y en este último muro encontramos una puerta –posiblemente la original– con esa forma trapezoidal tan propia de la arquitectura inca. Hay algunos balcones a la altura del primer piso. Parte de este muro ha sido, a todas luces, derrumbado y vuelto a levantar por españoles, las piedras no son las mismas ni irradian la misma magia. Lo bueno es que es sólo por partes. Tanto el marco como el dintel de la puerta parecen estar completos. El dintel.

El dintel.
El dintel.

Avanzamos hasta el final de la cuadra para llegar a donde empezamos, poco más que ver allí. Y pues, bueno… ¿quienes somos para decirle que no a un buen bar de cerveza? Regresamos a ese bar al inicio de la cuadra y entramos a la Bodega 138 y nos sentamos en la barra. Platicamos un rato con el chavo de la barra y nos ponemos a revisar más fotos y terminar las notas del día. Pero algo no cuadra. Revisamos las fotos otra vez. Pero para qué ver las fotos si estamos a sólo 10 metros del muro.

Dejamos las cosas encargadas en el bar y nos plantamos frente al dintel y… PUM… cómo no la vimos antes. Esa piedra en forma de llave. Perfectamente labrada. Cuya forma no responde a ninguna lógica entre todas las demás perfectamente rectangulares. ¿Qué chingados hace esto allí? Spoiler: NPI.

En fin, Cusco no es una ciudad para visitarla sólo dos días (craso error de mi parte). Pero el tiempo que vayas, vale mucho la pena perderse un par de horas alrededor del Palacio Arzobispal. Si alguien ve esa piedra, mándeme fotos. De alguna forma rara, creo que me enamoré.

Por cierto, regresé al bar y mis cosas estaban tal cual las dejé, por si alguien andaba con el pendiente.

Algunas recomendaciones en Cusco

  • Cicciolina, great mix between Peruvian traditional food and spaniard tapas
  • Three Monkeys Coffee, un pequeño café (en realidad es un carrito) con excelentes granos, mismos que se sirven en Central, Lima.
  • Mercado de San Pedro:, más local no se puede
  • Pachapapa, restaurante con un gran patio, buena variedad de platillos y ambiente muy chido.
  • Bodega 138, cerveza de barril e increíbles pizzas.
  • Manos Unidas Cafe,
  • Kusiky, uno de los mejores lugares en la región para comer cuy.


NOTAS:
– la información de este post viene de chingos y chingos de notas que tomé durante el viaje, pero también del artículo de la ciudad y su historia en la wikipedia que está increíblemente nutrido, y, tras varios cross check rápidos, acertado.

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