El año pasado, en algún lugar al sur (suuur) del continente estuve en una discusión simpática. Bueno, no la discusión, sino cómo terminó.

Al momento del llegar al hostal donde me iba a quedar en Ushuaia, el wey que me atendió no me cayó bien: demasiado mamón. De la gente que con los gestos y actitud transpira “¿sabés pibe?… soy lo más copado del planeta, snowbordeo todo el año —me enteré que no era nada bueno— y sólo cuando necesito laburo (trabajo) —de junio a mayo—, las minas (viejas) me caen a montones, si no soy famoso es porque cuando vino MTv a hacer casting yo estaba buceando a pulmón con tiburones blancos en Hawaii“.

Me di cuenta que yo tampoco le caía bien, mejor.

Estuvimos allí un par de días y el wey, aunque hacía su trabajo, era la más perfecta definición de un cuchillito de palo….

Fue hasta la noche antes de que nos íbamos cuando nos lo encontramos en un bar. Uno de los bares potables de la zona: un irlandés (que al final de la noche lo dejamos sin más que cerveza verde para servir). Él iba con su bandita de posers amigos. Todos cortados con exactamente la misma tijera navaja (muy) mal afilada, en sus respectivos trajes de noche: pantalones cuyo tiro limpiaba el suelo, tenis vans, chamarras unas 4 tallas más grandes y la infaltable cachucha con visera plana de lado.

Me di cuenta de cómo su actitud, fuera del trabajo, con su banda alrededor (y varias cervezas encima), era mucho más prepotente, y con sólo verme se fue directo contra mí. Nunca me insultó directamente, mas intentó varias veces “dejarlo ver”, pero siempre tuve cómo responderle volteándosela. La verdad me estaba divirtiendo mucho. Cuando se empezó a desesperar intentó (estúpidamente ante un mexicano) alburearme. Sin ser yo ningún maestro al respecto, a veces creo que lo que más deja el sistema de educación mexicana, son unas bases bastante sólidas para la defensa propia en cuestiones de albur y dobles sentidos. Fracasó rotundamente, salió mucho más golpeado que yo. Ya no estaba tan cómodo quedando mal ante sus tres o cuatro seguidores. La gente de alrededor, poco a poco, había empezado a poner atención a nuestra pelea. Entonces fue cuando –sin darse cuenta– sacó (metafóricamente) el puñal con el que se acabaría.

Abrió su chamarra para dejarme ver su playera, juré que estaba a punto de ver una imagen de él mismo en un taz cholo, pero no. “Mirá pelutudo, a ver si así lo dejamos claro” y leí “I am a PIMP, adore me“.

“Ok, si a esas vamos…”, pensé mientras abría mi chamarra. Ese día traía mi playera favorita.

I respect your opinion, I just think it's stupid.
“I respect your opinion, I just think it’s stupid”

Ese día no volví a pagar una sola cerveza de las tantas que me tomé.

10 Comments

  1. jajajaja!!

  2. Qué fuerte, duelo de playeras!
    Me encantó la anécdota : ))

  3. Cuando leí el título, de inmediato pensé que trataba de algo relacionado con tu playera de los pumas :p . Bueno leerte de nuevo, aunque todavía no termino de acostumbrarme al nuevo blog, y mucho mejor la anécdota del eminem región 4

  4. Eres grande B3co.

  5. Sos graaaande B3co. Pobre wey, no sabia que, respecto a albures, en Mexico el más chimuelo masca rieles, y el mas sabroso masca testa…. Chin! Sorry! Bueno, pues ya qué…! Un abrazo

  6. la anecdota esta genial 🙂

  7. Muy buenoooooo jajajaja

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