La venganza es dulce1 min read

Siempre hay que ser creativos para la venganza, siempre. Asi se disfruta más.

Hoy en día es (muchas veces) más tedioso hacer una llamada teléfónica a cualquier servicio de sotorpe técnico (bancos, Cablevisión) que hacer un trámite burocrático. Esto por varias razones, la pendejez de muchos de los operadores, la pendejez que creen que tienen sus usuarios “a ver señor, a la altura de la mano derecha verá un aparato semi circular con dos botones, ese se llama máus, tómelo y …“, y sobre todo por el tiempo de espera para ser atendido por un ser humano.

De ahora en adelante haré lo siguiente, cada vez que me pidan mi teléfono (55.12.34.56.78) contestaré “cinco mil quinientos doce millones, trescientos cuarenta y cinco mil seiscientos setenta y ocho“, pero creo que va a ser más chido cuando me pidan la tarjeta de crédito (1234-1234-1234-1234), pues sería algo así como “mil doscientos treinta y cuatro billones, ciento veintitres mil cuatrocientos doce millones trescientos cuarenta y un mil doscientos treinta y cuatro“, si me piden que lo repita, diré “no se leer ni escribir y así es la única forma que me aprendí mi número“.

Por otro lado, me gustó mucho la historia que cuenta Nahual.

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