La viejita5 min read

NOTA: Esto sucedió. Cualquier diferencia con la realidad, es mero recurso para llenar huecos.


Tenían que mudarse. El dueño del departamento lo necesitaba para su hija que se casaba, no había más. Tres semanas era el margen que tenían. Tres semanas. Para compensar un poco el tan corto plazo, el dueño les devolvió el depósito íntegro el mismo día que les dio la noticia.

Recuerdo a Neto y Juan, llevaban varios años de roomates y con toda la razón, estaban encabronadísimos. Aunque el enojo se les fue rápido; se dieron cuenta que con el depósito en mano, tenían no sólo la posibilidad, sino la obligación moral de hacer que la despedida del depa fuera inolvidable.

– Trae a tantos como puedas –me dijo Neto– vamos a tirar la casa por la ventana, literalmente. Bueno, lo que quede, ya sacamos todos los muebles.

Y creo que el objetivo se consiguió. Me ahorraré detalles de la fiesta, pero a la fecha (unos 8 años después) la recordamos (como diapositivas de PowerPoint) como una de las mejores de la carrera. Sexo, drogas y rock n’ roll. Tras la fiesta, aunque quedaran días de plazo, nadie tuvo el valor de regresar al depa. Lo cáido, cáido.

El chiste ahora para estos weyes era encontrar algo cercano y por un precio similar, tarea que parecía nada sencilla. Pero no. En uno de los edificios del mismo complejo había un departamento disponible para ocupación inmediata e incluso un poco más barato que el que dejaban.

Sensatamente, para no asustar a la nueva casera, la obligada fiesta de inauguración se pospuso. Probablemente influyó el hecho que varios seguíamos completamente destruidos de la fiesta de la semana anterior.

Neto fue el primero que llegó a dormir al nuevo depa, mientras que Juan seguiría en casa de sus papás por unos días.

Algo no le acomodaba. En un principio lo atribuía a ser un departamento casi idéntico al anterior pero no ser el mismo, lo sacaba de onda. “A pesar del frío, llego y lo primero que hago es abrir las ventanas, la vibra está rara” me dijo alguna vez, “estoy durmiendo muy mal y con sueños bien pinches raros, hace años que no soñaba nada, NADA. No sé, no me siento en casa. No está chido.”

Recuerdo ver a Neto ojeroso y muy cansado en clases. Nos burlábamos, creíamos que tenía novia nueva o que por fin estaba trabajando (obvio no). Pero insistía en los sueños raros, algunos días pesadillas recurrentes bastante rudas. Conociéndolo, le recomendamos de todo, empezando por evitar empezar la peda de la semana desde el lunes.

– Ja-ja, muy cagaditos, pero es neto, ni ganas me dan de tomar. Me cae que está bien raro el depa.

A los pocos días Juan llegó de casa de sus papás. Neto no le dijo nada, quería ver qué pasaba, no sugestionarlo y de una buena vez por todas quitarse la idea de lo raro en eldepartamento.

Pero la curiosidad le duró sólo un par de días, cuando a la mitad de la noche (madrugada), Neto, sin poder dormir, escuchó desde su cuarto un alarido de Juan. Neto sale corriendo de su cuarto a ver qué pasa y se encuentra en el pasillo a Juan empapado en sudor, respirando con dificultad, con los ojos saliéndosele de las órbitas.

– ¡No mames la pesadilla que acabo de tener!
– Pero ¿estás bien? ¿Sólo fue una pesadilla?
– ¿Sólo una pesadilla? ¡No mames! ¡Ve cómo estoy!

Caminan a la cocina y Neto le sirve un vaso con agua que intenta dárselo a Juan al mismo tiempo que le pregunta que con qué estaba soñando. Pero Juan, aparentemente más turbado que cuando se encontraron, sin aceptar el vaso empieza a contarle:

– Soñaba… soñaba que una viejita en camisón entraba con un cuchillo a la cocina mientras yo estaba tomando agua –como el que neto le ofrecía– y me apuñalaba chingos de veces.

Se quedan viendo mutuamente. Ahora es a Neto a quien parecen salírsele los ojos al mismo tiempo que se queda totalmente pálido, deja el vaso sobre la mesa para preguntarle:

– ¿Con quién hablaste? ¿Quién te dijo? ¡No mames!
– ¿Quién me dijo qué? ¡Es lo que chingadamadre acabo de soñar! –le gritó Juan.
– No juegues con esto, no está chistoso. Nada chistoso.
– ¿Quién dijo que estaba chistoso? ¡Desde que tengo uso de razón es la primer pesadilla que recuerdo!
– Esto no está bien. Llevo soñando exactamente lo mismo desde el primer día que dormí aquí.
(cri_cri.mp3)
– A ver, a ver –Juan mal aparentaba algo de calma– ¿soñando exactamente qué?
– ¡La viejita! ¡Con gorrito, camisón y cuchillo!
– ¿Que te acuchillaba?
– No. A mí no. A ti también.

No pasaron más de 17 segundos cuando ambos estaban aún en pijama, en el coche rumbo donde fuera. Lejos.


A los pocos días, usando como excusa una oferta laboral fuera de la ciudad (o cualquier cosa) hablaron con la casera para cancelar el contrato sin importar el costo. Neto fue a coordinar la mudanza al departamento. “Al fin a mi no era al que apuñalaban”, bromeaba después. En algún momento llegó la dueña del departamento con su hija de unos 6 años a recibir las llaves y verificar todo. Todo en orden, perfecto, cuando te vayas por favor cierra la puerta sólo jalándola, luego vengo a limpiar y cerrar las otras cerraduras. Gracias, muy amable. Buen día. Para irse, llamó a la hija que estaba jugando en algún lugar dentro del departamento, quien llegó corriendo. Antes de volver entrar al departamento, Neto vio cómo iban madre e hija de la mano, caminando de salida en el pasillo, cuando la niña se voltea para ver a su madre y preguntar

– ¿Otra vez la viejita, mamá?

7 thoughts on “La viejita”

  1. Órale Beco, ¡estás entre novela de Stephen King y Aura de Carlos Fuentes!
    Se lee raro pero tómalo como un cumplido. Feliz domingo : D

  2. Es obvio que El Quijote nunca dijo “Elemental, Watson”, ni Sherlock Holmes dijo “Ladran, Sancho, señal que cabalgamos”. Y aunque parezca raro, tampoco fue al revés. Y otra cosa rara, como se desprende del paper original (bah, de su traducción) es que Noether nunca mencionó la palabra “simetrías”. Pero ojo, que a diferencia del “todo es relativo” que tampoco dijo Einstein, las simetrías sí van al corazón del teorema de Noether. Aunque si se mezcla a Einstein con las simetrías, se tiene de golpe la paradoja de los gemelos separados al nacer, uno criado en la tierra y el otro puesto en un cohete que casi a la velocidad de la luz fue y volvió, y cuando se encontraron uno seguía igual y el otro había envejecido. Y es que la paradoja no está en que este fenómeno ocurra -porque se experimentó, no con gemelos [todavía…] pero sí con relojes atómicos-, la paradoja está en la ruptura de la simetría: ¿por qué no envejece el del cohete, si desde su lugar ve que el que se aleja velozmente es la tierra con el otro? La respuesta, acá .Ah, y como para redondear la idea, la paradoja no es de Einstein, como se suele decir, sino de Langevin, quien la presentó en un congreso de Filosofía en Bologna. Henry Bergson, uno de los presentes, dice que fue esa charla de Langevin la que generó tanto interés de parte de los filósofos por la relatividad. Bueno, dice…, dicen que dice, digamos.

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