Por recomendación (y hasta cierto punto recordatorio) de Emilio Velázquez (corredor de La Carrera Panamericana), en vez de irnos directo de la ciudad de Oaxaca hacia el DF, hicimos escala en Santo Domingo Yanhuitlán, imponente convento dominico que había logrado ver de reojo sólo por afuera durante el tercer día de carrera.

Y así, salimos de la autopista rumbo a Nochixtlán (salida por cierto, muy poco ortodoxa, pues para entroncar tienes, a huevo, que cruzar una gasolinera… por adentro) y luego hacia Santo Domingo. En cuanto pasas San Andrés Sinaxtla y entras al valle, unos diez kilómetros antes de llegar, al fondo se deja ver este imponente edificio del siglo XVI.

El edificio en sí es una majestuosidad, pero papel aparte es el trabajo de restauración (que duró 12 años) por parte del INAH, impresionante. Con gusto pagas la entrada ($35pp + $40 por cámara). Dividido en dos secciones: el recinto conventual por una parte, y la iglesia y sacristía por otra. El primero a cargo del INAH y el segundo a cargo ahora de la mayordomía del pueblo, quienes hartos del saqueo de arte sacro (57 –exactos– tristísimos vacíos se ven en retablos, altares e incluso frescos) tomaron responsabilidad del templo de manos de la curia católica [palabras textuales], aunque sigue fungiendo como templo.

Dentro del convento hay un pequeño museo de sitio cuya joya principal es el increíble códice de Yanhuitlán (~1550, hecho ya sobre papel español y con estilos mezclados), aunque habla poco del centro ceremonial prehispánico sobre el que fue construido; y una pequeña exposición sobre la restauración del lugar (pr0n para arquitectos, me cae).

Santo Domingo Yanhuitlán
fachada de la iglesia
Sacristía de la Iglesia
Bóveda de la nave principal
Altar mayor
Bóvedas y columnas de la nave principal
Nave principal
Nave principal con sus respectivos alteres laterales
Patio central del convento
Detalle en el dintel de una habitación del convento
Terraza sobre una de las azoteas
Fresco de San Cristobal sobre pared de escalera principal
Sala lateral
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Pasillo interior del convento
Pasillo interior del convento