Por las venas Galveston, una pequeña ciudad a 50 minutos de Houston, famoso puerto de cruceros y sede de uno de los festivales Mardi Gras más importantes del país, corre profundo el orgullo de haberse recuperado del desastre natural más mortífero de la historia de Estados Unidos (el huracán del año 1900) para convertirse en este singular destino.
Grand Galvez Hotel

Un testigo singular de los eventos del último siglo, de cara al mar, el hotel Grand Galvez ha sido, desde su inauguración, un centro social tan concurrido que la historia lo presenta como un "Vegas before Vegas".
Sede de verano de la Casa Blanca en cuatro ocasiones, este hotel –y sus emblemáticos huéspedes– ha sido referente de esta isla –y de la región– desde su construcción a principios del sXX.
La propiedad sobre la que se yergue este hotel tiene una singularidad muy poco común en todo el país: es dueño de la playa frente a él. Doscientos veinte metros de playa. En un país donde la propiedad del litoral es imposible (como en México) la ley de memoria histórica les permitió conservar esta propiedad que viene desde los años 20.

Una nota simpática sobre su remodelación es que recientemente encontraron un hueco en los planos. Entre tal y tal salón de la planta baja debería haber sólo una pared de 30 centímetros de ancho, a lo más. Pero no. Mediciones recientes descubrieron que allí hay casi 8 metros de vacío. Y dada la historia rebelde del hotel, el gerente actual -un personaje en sí mismo- apuesta a que es el espacio de un Speak Easy de los de verdad, de los originales, de los que si hablabas muy fuerte la policía, en la época de la prohibición, te arrestaba.







Con parque de diversiones, museos, acuario y jardín botánico, esta pequeña ciudad es una joya del sureste norteamericano.
Las fotos de este artículo fueron tomadas con cámara y lentes Sigma.