Me tardé varios años en darme cuenta que ir de vacaciones y estar en un viaje fotográfico no es exactamente lo mismo. Encontrar el equilibrio (sobre todo cuando no viajo solo) no me fue fácil. Las vacaciones son para disfrutarse, conocer y disfrutar a tope cualquier destino; la cereza en el pastel viene con las conversaciones al regreso que nacen de las fotos que tomamos, muchas veces, nos hacen –mentalmente– volver a viajar.
Estos son algunos tips que con los años me llevaron a tomar mejores fotos de mis vacaciones.
Tómate un segundo antes de disparar
El chiste no es llegar, tomar la cámara y ponerse a tomar fotos de aquí, de allá, de este otro lado así sin más. No. Hay que detenerse un segundo. Cuando veas algo que te llame la atención, antes de tomar siquiera la cámara -y aquí es donde nace la magia- piensa "¿qué quiero tomar? ¿qué quiero transmitir? ahora… ¿cómo tomo esa foto?" A lo mejor –te das cuenta– el foco queda mejor no en el avión, sino en las gotas de lluvia. Y entonces sí, prepara la cámara, mide y dispara. ¡Magia!
Usa a las personas
Uno de los errores más comunes en cualquier fotografía es que ésta no presente claramente las proporciones, lo que hace que el espectador se pierda en lo que está viendo, y en cuanto se pierde, se va.
¿Qué punto de referencia hay más natural para el ojo que el mismo cuerpo humano? Incluir referencias humanas en el cuadro ayuda a que la imagen tenga siempre una referencia clara y rápida. Hay que ser cuidadosos siempre respetando a quien fotografiemos.
Salte del camino común
Todos los destinos tienen puntos icónicos, rutas obligadas, pero al final, siempre hay más, mucho más. Un recurrente mantra viajero dice «get off the beaten path» y tiene mucha razón: busca más allá de lo de siempre.
Por ejemplo, a poco más de 10kms de San Miguel de Allende está Atotonilco y su iglesia, considerada "la Capilla Sixtina Americana" que es -como su nombre lo adelanta- histórica y visualmente espectacular. Otro caso que recuerdo es cómo, caminando unas cuadras al norte de la plaza principal de Santa Clara del Cobre es que encontré el taller de forja más auténtico que había visto; sin sombreros para la foto del turista, sin museo con tienda, pero con el maestro herrero como guía para mí solo.
Son las experiencias y fotos de lugares como estos que abren conversaciones increíbles que, como decía al inicio, muchas veces nos hacen volver a viajar.
A veces es bueno regresar
¿Cómo se verá este lugar al atardecer? ¿Se notará mucho la diferencia con menos (o más) gente en la plaza? La respuesta está allí mismo, sólo hay que -dentro de lo posible- volver. El tema es que –no sé si a todos o sólo a mí me pasaba– no siempre tenemos en mente regresar al mismo lugar. "Ya lo vi, ya me voy, bye-bye." Y no.
Imaginar la foto que resultaría en tal o cual lugar a determinada hora o situación diferente como ejercicio fotográfico durante el viaje (o en el día a día) trae increíbles resultados en nuestro trabajo fotográfico.
En algún viaje me puse un ejercicio para mis vacaciones (medio extremo, lo sé): andar todo el día sin cámara, sólo tomando "fotos mentales" para en la tarde dedicarle una hora, todos los días, a regresar al lugar donde creía que con esa luz saliera alguna mejor foto.
No es lo mismo que lo mesmo
Las selfies llegaron para quedarse, punto. Son divertidas, fáciles y rápidas. Pero muchas veces no son suficiente para transmitir lo que queremos de nuestro viaje. Decir "mira estuve aquí" está chido y es -muchas veces- a lo más que llegamos con una selfie en cualquier lugar. Pero… ¿qué tal buscar algo más? "Mira, estuve aquí y así es como se siente" con una fotografía completa desde nuestra perspectiva va mucho más allá; invita al espectador a sentir algo similar a lo que tu sentiste en el lugar. Y cuando una foto lo logra es que ESA es una gran fotografía.
Viaja ligero
Para quienes usamos cámaras con lentes intercambiables y tenemos varios opciones de objetivos, muchas veces queremos llevar todos los juguetes a la fiesta; empacar la maleta de la cámara con todos los lentes, filtros y aditamentos que tenemos, pero no. Muchas veces es un error, terminamos con una mochila de cámara más grande que la maleta de ropa y esto puede ser, además de incómodo, muy poco práctico. Nada le da a uno más coraje que regresar de viaje sin haber usado el tripié que cargamos por varios días, créeme.
Depende cuál sea el destino de tu viaje, lo mejor es escoger el lente u objetivo que más provecho le puede sacar al destino. Si vas a callejonear a Guanajuato o de ruta culinaria al norte de Baja California, un lente corto y rápido como el 35mm f/1.4 le puede sacar más provecho a la mayoría de las situaciones que un lente largo, pero si vas de expedición a la ría del norte de Yucatán a fotografiar flamencos o cocodrilos un buen telefoto como un 150-600mm o el 100-400mm serían más que útiles para poder acercarte lo suficiente a tus sujetos.
Nota final
Tener buenas fotografías de los viajes que hacemos nos ayudan a no sólo recordarlos más fácil y vívidamente, sino a –de alguna manera– volver a vivirlos. Estos tips no hacen magia por sí solos, son el posible inicio de un camino que poco a poco mejorará nuestra fotografía de viaje.
Artículo publicado en Aldebarán.