La Guajira (17 min read)

La Guajira, al norte de Colombia es, en pocas palabras, un lugar definido por sus contrastes. Comparten nombre el departamento colombiano y la península, ésta, a su vez, es territorio colombiano y venezolano (estado de Zulia), origen de históricas disputas entre los dos países.

Durante el 2010, en Bogotá conocí a un brujo Wayúu (él mismo se presentaba como “el indio”) que me causó una impresión durísima. Sabio, sencillo y directo. Trabajaba en Bogotá como adivino/brujo para ayudar a su comunidad. Si no me equivoco querían llevar luz eléctrica a su aldea. Allí entró por primera vez La Guajira en mi horizonte. Más allá de la guantanamera que sólo creía que era un juego de palabras. Fue en ese momento que nacieron las ganas de conocer el lugar del que este señor hablaba con tanto amor y emoción. Mismo lugar del que partía un odio bien disfrazado hacia el gobierno. “Ya iré”, me dije.

Y entonces llegó, por fin, la oportunidad en noviembre del 2019.

Este viaje –al fin– empieza de una forma muy sui generis unos días antes de poner pie en territorio Guajiro o Wayúu, en un restaurante en Cartagena. «Esta vajilla fue concebida por los chefs del restaurante como homenaje a La Guajira, reúne y fusiona los dos colores que representan el paisaje al norte del país; el azul del mar con el desierto[…]» me explicaba Guillermo, maître en Celele, brutal restaurante más o menos nuevo, con una muy justificada fama en Cartagena.

Los colores de la vajilla evocan y no poco. Como acostumbro en estos viajes locos, había investigado “la guajira” como destino, había visto fotos con paisajes increíbles –como en muchos otros lados–, pero que fueran razón para crear una vajilla, me hicieron cambiar mis expectativas. No sabía si para bien o para mal, pero cambiaron. Para poner en perspectiva, la vajilla y la razón de sus colores, aquí están:

Llevaba buscando ir a La Guajira desde hace varios años, pero por varias razones se me había escapado, hasta ahora.

Llegar no es fácil. Para realmente adentrarse en el territorio es indispensable ir en un 4×4 y es muy recomendable ir con alguien que conozca muy bien la zona, tanto política como socialmente, y bueno, al casi no existir carreteras ni caminos de ningún tipo, pedir que alguien conozca la zona a la perfección es, digamos, deseable, por decir lo menos. La solución la encontré con la gente de Frontera Travel (viejos amigos) para organizar este viaje.

Mi principal objetivo era llegar al norte, a Punta Gallinas. El faro en este pequeño saliente hacia el mar Atlántico es el punto más al norte de América del Sur (continental). Por alguna razón que no comprendo, los extremos cardinales me gustan mucho, en 2010 llegué (y me perdí) en Ushuaia, el punto más austral del continente (y del mundo, sin contar la Antártica) y en el 2017 terminé muy, muy, MUY al norte, en Alaska en Atigun Pass (a menos de 300kms del extremo norte del continente).

El viaje en La guajira

Prácticamente, hay dos puntos iniciales para el territorio de La Guajira: volar a Riohacha y empezar la ruta por tierra desde ahí; o aunque es más lejos, es más conectado con el centro de Colombia: volar a Santa Marta (quedarse unos días en este paraíso, ir al Tayrona, visitar las playas, comer en Josefina, la comida de siempre o en el Lulo unas arepas de mariscos y luego salir de fiesta a la bar La Puerta y ahogar el calor a punta de mojitos samarios,… o no) y de allí partir de madrugada hacia el norte. Escogí Santa Marta.

No importa con qué operador escojas hacer el viaje, todos van a seguir la misma ruta; en parte porque son los puntos más importantes (accesibles) de la zona, en parte para evitarse problemas con los concejos locales wayúus. En general será: Riohacha, las salinas de Manaure (que en mí muy particular opinión: quitan tiempo de playa y aportan poco), Cabo de la Vela y alrededores, Tunas del Taroa, Punta Gallinas y regresar a Santa Marta de un jalón.


Esbozo de ruta. Rojo día 1, Verde día 2, Azul día 3.

Pasaron a recogerme al hostal a las 4 de la mañana, demasiado temprano para cualquier cosa menos para salir de viaje. La ruta es increíble, parte de ésta ya la había recorrido hace algunos años, pero dada la hora, era imposible apreciar nada. Parando para desayunar en Riohacha, llegamos al Cabo de la Vela (#1 en el mapa) por allí de medio día para comer algo, dejar las cosas –allí dormiríamos– y seguir un poco hacia el norte. Logísticamente es un lugar importante para la ruta; donde pasar la noche hacia el norte, un lugar de abastecimiento y poco más, a menos que se haga kite surf, entonces sí: más que un mero descanso en el camino, es un destino obligado.

Llegada a Cabo de la Vela

Una vez instalados, seguimos, primero al “Pilón de Azúcar” (#2), una formación rocosa entre el desierto y el mar, donde siendo un punto naturalmente alto la vista hacia el desierto es inigualable, y luego a ver el atardecer en la piedra de la tortuga (#3).

El Pilón de Azúcar
Vista aérea del Pilón de Azúcar
Atardecer desde la pierda de la Tortuga

Las playas son verdaderamente únicas, no sólo el contraste entre el azul del mar y el amarillo del desierto, no; el agua es templada, la marea gentil y la profundidad no es tan grave, se puede nadar muy a gusto y disfrutar la arena fina de cada lugar.

Cam Can
El contraste entre los colores es realmente reconfortante.

El camino se puede complicar. Le tuvimos que ayudar a esta otra camioneta a pasar La Gran Vía
El segundo día de viaje es sólo ir hacia el norte. La ruta es larga y compleja, pero verdaderamente espectacular. Entre la playa Cam Can en Bahía Honda (#4) y las dunas de Taroa (#6), hay un desierto inundado llamado “La Gran Vía” (sic) (#5) cuya inmensidad a cualquiera deja sin aliento. Las nubes se reflejan en el suelo inundado de la planicie, dándole ademas, un tono rojizo al reflejo muy difícil de describir y otro tanto más de fotografiar fielmente. El terreno es sumamente engañoso y puede provocar más de algún atasco (vimos dos), se necesita cierto colmillo para pasar sin contratiempos. Hay a quienes les falla el colmillo.

La Gran Vía
Los reflejos en la Gran Vía

Pasando esta maravilla se entra a la fase final de la ruta hacia el norte. Primero las maravillosas dunas del Taroa (#6), unos montículos de arena que caen al mar rítmicamente. La frase de “allá donde el desierto se funde con el mar” pudo haber tenido origen en este lugar. Dunas de unos 20 metros de alto, color fuego, que terminan en un océano turquesa difícil de creer.

La playa en las dunas del Taroa
El desierto, y 20 metros abajo, el mar
Una familia wayuu jugando en la playa.

Y entonces sí… el punto más al norte de América del Sur: Punta Gallinas (#7) ¡¡¡CHINGADAMADREAGÜEVO!!! América del Sur está TODA al sur de donde estás. Se oye tonto, pero la sensación es increíble. Alguna vez desde Ushuaia le menté la madre a todos los que estuvieran más al norte que yo… spoiler: te menté la madre #sorryNotSorry. (Esta vez no lo hice).

La explanada más boreal del continente abre con las ruinas de lo que por muchas décadas fue el faro que separaba el caribe del atlántico (no es geográficamente hablando del todo preciso, pero es como lo presentan, y hay cierta poesía en ello), pero el salitre terminó por destruirlo hasta el hueso. En una de las paredes aún en pie, hay cierta información y el nunca faltante grafiti. Aquel importante (e imponente, dicen) responsabilidad, hoy cae una estructura metálica (bastante culera para estar en este lugar, he de decir) que es sólo un faro de radioseñal (no de luz), y el mar. El mar sólo al norte.

Puesta del sol, indicando el oeste en Punta Gallinas.
Punta Gallinas, foto tomada acorde a los puntos cardinales, arriba es 0º Norte.

En este lugar, el mar es mucho más agresivo que en cualquier otra parte de La Guajira, el oleaje es fuerte (aunque no alto) y el viento otro tanto, aquí no es recomendable nadar, durante el trayecto se alcanza a ver el pecio de un barco, encallado muy cerca de la costa. Pero hay algo más. Este particular finisterræ ha sido un lugar sagrado para los Wayuu desde siempre. Como homenaje al lugar hay unas formaciones de roca hechas con piedras marinas en forma de altares. Esta tradición se ha continuado y cuando llegas, te invitan a que –con cuidado con las demás torres–, hagas tu propia torre pidiendo un deseo o des gracias. Cada quien.

Estructuras de piedras
Las formaciones se cuentan por cientos.
Las esculturas no tienen ningún tipo de mortero, son sólo piedra sobre piedra, y hay cada belleza.

Un destino más tachado de la lista 🙂

Una selfie como a mí me gustan!

Nos quedamos un rato más de lo que originalmente deberíamos. Para caminar un rato por la zona. Cuando ya no podíamos quedarnos más –teníamos que llegar antes de las 8 al hospedaje para alcanzar algo de luz eléctrica que cortan a las 10– salimos para el hostal de Luzmila (#8). El día había sido largo y muy pesado, al día siguiente otro tanto o má; regaderazo y a dormir, era mi plan. Pero no contaba con que, como decía, la luz se apagaba por completo a las 10pm. ¡Hola Vía Láctea! Entre los compañeros de viaje venía Eric Nathan, fotógrafo sudafricano (su Instagram es bastante interesante) y pues decidimos ir a explorar un rato con las cámaras a ver qué tal se abrían las nubes… las fotos hablan por sí solas.

La Vía Láctea desde Punta Gallinas.
Un velero que, literal, apareció a la deriva cerca de la zona y decidieron anclar a resguardo.

Para el tercer día no esperaba gran cosa, 400 kilómetros casi sin parar hasta Santa Marta prometían una jornada bastante ruda. Pero cuán equivocado estaba. Salimos temprano en bote hacia el sur a través de Bahía Hondita (#9), santuario de Flamingos (#10), pero sin seguridad de verlos por la temporada.

Flamingos en Bahía Hondita
Flamingos en Bahía Hondita

Qué BELLEZA. Punto. Un resguardo natural en el extremo norte de la península. Donde su geografía y localización la hace el hogar perfecto de flamingos y varias otras especies de aves, muchas migratorias. Con cuatro formaciones rocosas que dan origen a cayos en medio de la bahía y manglares que combinan el agua dulce con la salitre en el extremo este del lugar, las vistas y paisajes son espectaculares.

De regreso, al sur, desde el extremo norte de la bahía

NOTA IMPORTANTE: el que escribe no recomienda despegar ni aterrizar el dron desde un bote en movimiento. Todas las veces que lo ha hecho, por más experiencia que se llega a conseguir (no ha ahogado ni un solo dron), le han provocado malestares varios difíciles de describir dentro del espectro lingüístico conocido como “decente”.

Un resumen de las rutas en La Guajira

Y así, ocho horas después, estaba de regreso en Santa Marta para sólo caer frito en la cama.

Mapa de la ruta

Me atrevo a decir que el 99% de los tours que visitan esta zona siguen exactamente la misma ruta y visitan los mismos puntos de interés, hoteles o restaurantes. Al final, me terminé haciendo amigo no sólo de la gente que iba en mi 4×4, sino de varias personas que venían con otros operadores más. Al final, todos terminábamos en el mismo hostal. Acá pueden encontrar un mapa más detallado de este viaje por La Guajira (hecho por mí) en Google Maps.

Restaurantes / Hoteles / Hostales en La Guajira

La mayoría de operadores turísticos que visitan la zona tiene arreglos (buenos o malos) con los establecimientos en la zona lo que hace difícil escoger dónde comer o dónde hospedarse. Son muy pocos establecimientos en toda la región y están localizados en puntos muy particulares. La calidad varía enormemente, a veces con sólo unos metros de distancia entre local y local.

Una de las pocas cosas que se permiten escoger, con un cargo extra claramente, es poder dormir en habitación o chinchorro. Los chinchorros son hamacas de tela tejidas a mano por los lugareños. El ser de tela –y no de red (a diferencia de varios tipos de hamaca)– ayuda a conseguir un clima ideal para dormir en la playa: resguardándonos de la brisa fresca que viene del mar en las noches, pero suficientemente abierto para que el calor de tierra firme no nos cueza. Mi muy personal opinión es que los chinchorros son perfectos, suficientes y en muchos casos: mejores que las habitaciones.

Nota: los máximos son ★★★ o $$$

  • Hospedaje Luzmila(★★★/$) es un complejo turístico local con algunas habitaciones y palapas con chincorros a unos metros del faro en Punta Gallinas. Su cocina es increíblemente buena y vasta. La corriente eléctrica es generada localmente, por lo que a las 10pm se apaga todo, TODO. Baños y regaderas limpios. Acá está en google maps.
  • Hotel el Mónaco(★/?) uno de los varios lugares para hospedarse en cabo de la vela. Hay habitaciones y chinchorros, fallan algunos ventiladores en las habitaciones y los baños no están del todo limpios, los botes de basura estaban desbordantes de basura (cuando éramos muchos menos huéspedes que los que cabían en el lugar [ocupación de un 10% cuando más]).
  • Restaurante donde Álvaro(0/?) en el centro de Uribia, y ojo, sí: CERO estrellas. Quienes me conocen saben que no soy nada quisquilloso, como cualquier cosa y donde sea, pero este lugar fue superior a mí (y a varias personas más), mientras esperábamos el primer plato, no aguantamos el asco, el olor a baño, las moscas por todos lados, los 5 celulares con música, las 3 televisiones con canales diferentes a todo volumen. Salimos a buscar algo diferente, que no encontramos. Comimos unas papitas y una Coca Cola de la tiendita que encontramos.

Lo jodido de La Guajira

Dudé un poco sobre esta sección del artículo. Ningún destino es perfecto, cada lugar tiene sus bemoles, algunos muy evidentes, algunos no tanto. Pero en esta ocasión los encontré tan a la vista, tan graves y con tanto impacto en la gente local, que no me queda otra que, sin exagerar, enumerarlos.

La pobreza en La Guajira es casi absoluta. Hay algunos oasis sociales y económicos alrededor de puntos de interés turístico, pero poco más. Las brechas son cortadas por niños pidiendo/exigiendo galletas para dar paso, no reciben nada más; no frutas, no dulces, no… galletas. Sólo una vez fue diferente y para peor, realmente me partió el corazón, “sed, dame agua” fue lo que pidió una niña a cambio de bajar la cuerda que nos impedía el paso.

Cabo de la vela en La Guajira
Cabo de la vela

La gente de la zona es muy reservada y no le gusta hablar con extraños, pero de entre lo poco que pude entender es que muchos de los problemas de infraestructura giran alrededor de una instalación portuaria al norte de la región, Puerto Bolívar, especializado en carbón e hidrocarburos. Este lugar, dicen, concentra casi exclusivamente todos los esfuerzos y recursos logísticos de todo el departamento; agua, electricidad, infraestructura vial (la única carretera asfaltada que hay, corre de Uribia a este puerto), dejando a casi todo el departamento sin electricidad y sin agua, 🖕.

Como ciclo eterno, junto a la pobreza (y en buena medida causa de ésta, o impedimento de la mejora), como decía, la infraestructura civil es nula, no llega a ser ni siquiera un sueño. Obras civiles inconclusas como el tinaco en el extremo norte de Cabo de la Vela que además de romper el paisaje: no funciona para nada. O cableado eléctrico inexistente (aunque sí están los postes).

Hace algunos meses (¿años?) se dejó de enviar gasolina legal a La Guajira, cerraron todas las gasolineras (bombas, como allá se conocen) y sólo es posible abastecerse con gasolina de contrabando desde Venezuela (nota: este viaje lo hice en noviembre de 2019, dados los eventos recientes en Venezuela, no sé cuál sea la situación actual aunque me atrevo a creer que los precios de la gasolina están por los cielos). Es un negocio local importante y se lleva a cabo en plena luz del día y sin ningún tipo de guarda.

La basura. Punto. En toda la zona, alrededor de los asentamientos humanos la basura vuela libremente por todo el lugar. Bolsas de plástico (casualmente, la mayoría son azules), en el mejor de los casos (jodido ya) manchan el paisaje, en el caso más rudo: son un obvio foco de infecciones y suciedad. Hay lotes baldíos en la municipalidad de Uribia que están completamente cubiertos de basura. Sí, horrible, pero tanto más: peligroso.

La basura en Uribia es un verdadero problema.
La basura en Uribia es un verdadero problema.

…pero

La Guajira es un territorio brutal de tantas y tantas formas.
No es sólo un destino de aventura perfecto.
No es sólo un destino de turismo marítimo espectacular en el caribe (no hablo de cruceros 🤮).
No es sólo un destino con playas de ensueño.
No es sólo hogar de un pueblo orgulloso de sí mismo, su historia y sus tradiciones.
No es sólo un territorio increíblemente rico en energías renovables (solar y eólica).
Se me hace un territorio virgen perfecto para tantos programas –ya probados local e internacionalmente– de turismo realmente sustentable e incluyente que pueden reforzar localmente el tejido social, la oferta turística, la capacidad sanitaria y la infraestructura civil, si bien hecho, en un periodo no necesariamente de siglos. Ojalá.

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