Escribir

A veces es escribir y ya. Lo demás al diablo. Escribir hasta que los dedos duelan, la cajetilla quede vacía o la tinta se acabe. No importa el motivo. Procurando que los sujetos no tengan predicados o mejor aún, que los predicados correspondan a ningún sujeto.

Cerrar los ojos y sencillamente dejar de estar. O estar lejos. Mucho. Allá donde uno alguna vez fue feliz o creyó serlo. Trazar las líneas necesarias entre aquellas vidas y la actual: la que se sostiene sólo en el instante en que la pluma toca el papel.

Cruzando mares. Rompiendo muros. Rasgando sábanas. Incendiando balcones. Partiendo plazas. Iluminando callejones. Tirándose sin más al mar helado y encontrar en el siguiente abrazo el calor que se haya perdido. Perdiendo la seguridad de quien se es por un momento.

Describiendo con todo detalle aquellas inolvidables madrugadas en la playa cuando el amanecer nos ha sorprendido por el oeste. Cegándonos con la luz de media noche en días de carnaval. Calando hondo el humo del cigarro tras el primer sorbo de mate. Cruzando a saltos cortos aquellos ríos que han querido detenernos. O construyendo puentes para sortearlos (quemándolos después, claro está).

Haciéndole, en pocas palabras, una detallada cuenta a la vida. Punto a punto. Día a día. Poniendo especial cuidado en las a las efímeras situaciones en que la vida se digna pagar tanta mierda que nos hace pisar. Levantando con palabras un monumento por cada batalla batida, ganada o perdida. Aprendiendo de las derrotas sin vanagloriarnos en las victorias.

Rogándole a los recuerdos que correspondan a las sensaciones que nos traen. Hablando con nuestros fantasmas. Escuchándolos. Poniéndonos a la mitad del camino para que los recuerdos nos arrollen.
Escribir para no morir de olvidos; sin miedo a las consecuencias.

Dejando el alma en ello o lo que de ella quede en uno. Intentando dejar en claro lo que claro se tenga, procurando sea poco o mejor aún: nada. Tomando las líneas felices y ser lo que ellas dibujan. Buscando los sinsentidos que tanto color dan a días los días de neblina. Y poco más.


NOTAS:
Corte a Septiembre 2015.
Este es un texto que trato cual masa madre. Lo empecé en Marzo del 2009 y allí va.

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