El día más largo [extracto: futbol]

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A él (mi abuelo) es a la única persona que le he aceptado irle al América (como si fuera yo alguien para aprobar o reprobarle algo), patriarca bien seguido por casi toda su descendencia a excepción de algunas honrosas excepciones. Eso conllevaba larguísimas discusiones cada fin de semana. Al menos una vez cada 6 meses, desde el día antes al partido Pumas-América de cada torneo, se empezaba a sentir cierta hostilidad, fraternal e inteligente hasta donde la pasión lo permitiera, en casa. La noche anterior, aprovechando que me iba a dormir más tarde que él, extendía alguna de mis playeras de los pumas justo afuera de su cuarto para que fuera lo primero que viera al salir a desayunar. Lo ponía de malas y eso me encantaba, a mi abuela no tanto. Rara vez llegamos a acuerdos en cuestión de fútbol, a la fecha recuerdo un par: Hugo Sánchez fue un gran futbolista, pero es un imbécil en todo lo demás y, Claudio Suárez, “El Emperador”, era la columna vertebral de aquella selección, poco más. Era más su disfrute del fútbol que su (gran) aprecio por las contadas horas de sueño que se le daban. Vimos y mentamos madres juntos a las 3 de la mañana el día que en el mundial del 2002 EUA eliminó a México. No hablamos con nadie en la casa por 3 días. Parte por el coraje de tan patético juego de la selección, parte por haber despertado a mi abuela (y a media cuadra) con varios gritos corales mentándole la madre a algún infeliz hasta Japón.
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