Jaguar-Land Rover se convierte en JLR y bajo esta nueva identidad corporativa celebra los 75 años de un ícono; la Land Rover Defender.
El hotel Paradero en Todos Santos es la sede perfecta, no sólo para probar esta nueva y esperada generación de la Defender sino para hablar de los planes de la marca viendo al futuro y el camino que vislumbran para mantenerse al día en un mercado tan estricto, cambiante y competitivo como es el de los vehículos SUV de lujo.
La Defender llega al mercado mexicano con tres carrocerías base (la 130 es nueva en el catálogo) y en el horizonte hay hasta cuatro diferentes configuraciones de motor que incluyen dos opciones híbridas y próximamente una completamente eléctrica. Con este catálogo, JLR se asegura de que haya una configuración perfecta para cada persona.

Detrás de la elegante sencillez de las tres letras que ahora representan a la compañía –JLR– hay dos de las marcas más importantes en la historia del automovilismo y una importante tradición, antes compartida, hoy conjunta, de innovación y calidad que se busca honrar a cabalidad.

En JLR lo tienen claro: lo que importa es lo que viene.
Detrás de la elegante sencillez de las tres letras que ahora representan a la compañía JLR existen dos de las marcas más importantes en la historia del automovilismo. Una importante tradición, antes compartida, hoy conjunta, de innovación y calidad que se busca honrar a cabalidad. Jaguar-Land Rover se convierte en JLR y bajo esta nueva identidad corporativa celebra los 75 años de un ícono, la Land Rover Defender.

La Defender llega al mercado mexicano con tres carrocerías: 90, 110 y 130. Esta fina nomenclatura es utilizada por la marca desde inicios de los años 90, para mostrar en pulgadas la distancia entre ejes de cada modelo. La oferta se enriquece aún más con las configuraciones que Land Rover tiene en el horizonte para el mercado mexicano, donde hay hasta cuatro diferentes motores que incluyen dos opciones híbridas y próximamente, una completamente eléctrica. Con estas cartas sobre la mesa, JLR se asegura de que haya una configuración perfecta para cada tipo de conductor.
El hotel Paradero, en Todos Santos, es la sede perfecta, no sólo para probar esta nueva y esperada generación de la Defender sino para hablar de los planes de la marca viendo al futuro y el camino que vislumbran para mantenerse al día en un mercado tan estricto, cambiante y competitivo como es el de los vehículos SUV de lujo.

Salimos rumbo a una de las playas cercanas al hotel pero decidimos desviarnos del camino marcado y buscar un mirador cercano. Huellas en la arena, hierba baja y piedras más o menos alineadas son restos de lo que alguna vez fue una de las veredas que suben a la Punta San Pedro, que lejos de suponer un obstáculo son una invitación para activar el modo off-road de los casi 300 caballos de fuerza, tracción integral y emblemática tradición que recaen en esta 110 2.0L P300. La facilidad con la que avanzamos pendiente arriba sorprendería a más de alguno pero estoy seguro que llena de orgullo a los antepasados de esta Defender.
Cierta tranquilidad en el trayecto de regreso invita a observar una parte importante en la Defender: la sensación envolvente que la marca consigue dentro del habitáculo es increíblemente bien lograda. Desde la sensación de amplitud en los asientos, encontrar a la mano todo lo que esperas y necesitas es fruto de una curaduría hacia lo sencillo y práctico que busca (y logra) la marca.
El hotel nos recibe con la mesa servida. El huerto, del que vienen todos los frescos del plato, a unos metros de nosotros y los robustos muros de concreto evidente al fondo de la escena, acompañan la conversación que fluye alrededor del Drive de la marca tras esta transformación. Los retos que el lujo moderno –concepto que abraza la Defender– trae consigo son exigentes, pero también las oportunidades que ofrece y son puntualmente encarados por este vehículo bien equilibrado para llegar a donde sea –haya o no caminos marcados– sin dejar detrás un lujo envolvente.

Con este nuevo hito en el mercado, JLR lo tiene claro: lo que importa es lo que viene.
