Artículo publicado en la edición 08/2012 de Audi Magazine México pp 48-53, ver disclaimer. La Carrera Panamericana se llevó a cabo entre el 19 y el 25 de Octubre de 2012, saliendo del puerto de Veracruz y llegando a la ciudad de Zacatecas.

De Veracruz a Zacatecas, una semana en el evento más esperado por amantes del automovilismo internacional. Velocidad, autos clásicos y legendarios pilotos en un sólo evento (a la vuelta de la esquina).

Texto y fotos de Alberto Alcocer

Cumbres de Acultzingo

Ser partícipe de uno de los eventos automovilísticos más importantes del mundo, no es algo que pase todos los días. Seguir el desarrollo de la Carrera Panamericana desde convivir con pilotos y equipo de apoyo en las cocheras hasta recorrer la ruta en el auto del patrocinador oficial, TAG Heuer, es para alguien tan aficionado al deporte motor (herencia familiar) una experiencia única e indescriptiblemente emocionante.

Medio siglo de historia, meses de preparación y los ánimos de equipos que van llegando de todo el mundo, convergieron este año en el puerto de Veracruz para el inicio de ésta, la vigésimo quinta edición de la “etapa moderna” de la Carrera Panamericana.

“Todo el año estoy esperando la semana de la carrera con ansia”, resumió el mexicano Jo Ramirez, embajador de TAG Heuer y consagrada leyenda de la Fórmula 1, quien desde hace siete años compite con la escudería Telmex pilotando un Volvo P1800 “que hicieron tan famoso Roger Moore y El Santo”, mencionó entre risas. Y así mismo, podría asegurarlo, todos los participantes de la carrera quienes desde todas partes del mundo consagran meses de preparación de sus respectivos autos para este evento. “Llegando a Zacatecas (la meta), nos bajamos del coche e inmediatamente ya estábamos comentando qué le vamos a mejorar al coche para el siguiente año”, comentó Rafael Hurtado, navegante un flamante BMW 1973, el cual terminó en segundo lugar en la categoría Histórica A Plus.

Días antes al banderazo, caminando por los pasillos, se podía sentir el entusiasmo de tripulaciones y equipo de apoyo en el WTC del puerto jarocho, todos expectantes a la ruta de este año. Era común ver coches, a un día del arranque, poniendo a punto sus motores. Desde ajustar detalles mínimos hasta, por ejemplo, cambiar la caja de velocidades que en prácticas durante la mañana, había tronado. Es importante notar que si este tipo de cambios y reparaciones en un auto de carreras es hasta cierto punto normal, en este evento sólo pueden participar coches construidos antes de 1972 para las categorías históricas y entre los años 1940 y 1954 para las categorías originales, permitiendo algunas excepciones y modificaciones, pero al mismo tiempo requiriendo los más altos estándares de seguridad.

Las reglas con respecto a la edad de los autos, responden a mantener la Carrera Panamericana lo más parecido a la original, que se celebró entre 1950 y 1954, recorriendo los cerca de 3,000 kilómetros del en aquel entonces recién estrenado tramo panamericano que recorría el país desde Tuxtla Gutiérrez a Ciudad Juárez, evento que en pocos años se convirtió, junto con Las 24 Horas de Le Mans, la (original) Mille Miglia y el gran premio de Trípoli, en una fecha inamovible del calendario automovilístico internacional. Clara muestra de ello son los pilotos y escuderías que participaron durante la corta primera época como el legendario Juan Manuel Fangio, Alberto Ascari, Felice Bonetto entre tantas otras figuras del mundo motor, participando con equipos oficiales de Lancia, Ferrari, Lincoln y Porsche.

Haciendo honor del carácter histórico de esta carrera y celebrando su XXV edición, este año TAG Heuer presentó la edición especial de su legendaria serie Carrera (llamada así en honor a la Panamericana), en cuyo anverso está grabada la figura del inmortal Juan Manuel Fangio (ganador en el año 1953), serie de exclusivamente 150 piezas.

Adecuándose a los circunstancias de cada año y buscando las rutas más adecuadas, el trazado general se ha ido perfeccionando. La organización en conjunto con la Policía Federal, intentan aprovechar al máximo carreteras que exijan al auto y su tripulación, pero que al mismo tiempo le permitan disfrutar del increíble recorrido. Además, claro, de pasar por ciudades y pueblos fieles a la carrera desde hace al menos, un par de generaciones. Es impresionante ver como un pueblo detiene su vida unas horas y se vuelca sobre la carrera, pidiendo autógrafos, tomándose fotos con los coches y pilotos en las plazas a donde llega, o haciendo el recorrido varias horas antes, para estar al lado de la carretera y ver los coches pasar durante las etapas de velocidad. “Aquí en Tehuacán, la fiesta de La Carrera a veces parece más grande que la fiesta del pueblo” escuché a una señora de edad explicarle con mucho orgullo a su nieto. “Es como ver un desfile de impecables autos antiguos… ¡circulando a 200 kilómetros por hora!”, exclamó alguien entre la multitud que se apostaba al lado de la carretera en la etapa de clasificación.

Y así, una vez más, pilotos, equipos, aficionados y, el que firma, nos quedamos esperando para en un año más, participar como nos corresponda en la siguiente edición de La Carrera Panamericana.

5 Comments

  1. jajaj! buenisimo!yo corri una carrera en panamericana, 170 lo puse al punto, un avion! a 170 haciendo zig zag entre autos un loko de aquellos, cuando uno tiene unos vinos de mas te salen todas, es como tener una buena mano en el truco jej!saludete!

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