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Es un hecho, no soy un amo de casa ni lo seré. Hay bastantes pruebas que no dejan lugar a dudas.
Todos y cada uno de los electrodomésticos con los que he tenido el más mínimo contacto me han declarado la guerra, escupido en la cara, desde hornos de pan que después de justos 15 minutos botan trozos de carbón de forma cuadrada, licuadoras que aspiran tenedores (y son tan nenas que sólo por eso eso se descomponen!!! y sale más cara la pinche refacción que una nueva), hornos normales (de los que van abajo de la estufa) que sacan flamazos que achicharran las pestañas(?), batidoras que así nomás sin más hacen corto circuito, ... En fin, el etcétera es largo. Fue sólo por eso que anuncié (y cumplí) mi retiro oficial y definitivo de las canchas culinarias.
Pero no todo termina alli, no, tristemente no. Como bien dije, mi lucha es con los electrodomésticos, los cuales no sólo se encuentran alrededor de temas de cocina, sino en toda la casa y alli está mi peor y más ferrea enemiga: la pinche lavadora.
En su momento me costó trabajo descifrar que ésta es una lavadora.
Foto cortesía de algún compañero de penas.
La odio. De hecho es más que evidente que el odio es mutuo.
No contenta con desaparecer calcetines a su antojo dejando dispares a diestra y siniestra, pintar de diversos y llamativos colres la ropa, ponerse fresa con el tipo de jabón, quererme hacer pendejo (que no siempre lo logra) mojando la ropa y decir que ya acabó en sólo 15 minutos, descolorar camisas,... Pero hace poco tuvo a bien hacerme una completamente nueva.
Me di cuenta que había acabado su ciclo normal de lavado cuando por fin pude oír la música que se oía en mis audífonos. Fui por la ropa recién lavada para encontrarme con que la muy infeliz no quería abrir la pinche puerta. Así, nomás, por sus polainas. Intenté hacerla razonar por las buenas "es que entiende, si se queda la puerta cerrada, la ropa se apesta..., aaaandale" (parcía novio de pueblo). Pasé a las técnicas un poco más sugestivas "si abres ahora, lo dejamos en paz, no te pasa nada y todos contentos ¿te parece?", técnicas psicológicamente agresivas (discusión con desarmador en mano), técnicas agresivas (uso del desarmador como palanca), técnicas tehuacanazas (sólo que en vez de tehuacán y chile piquín usé aflojatodo) pero cuando ya estaba dispuesto a pasar a técnicas físicamente agresivas y regresé con desarmador y martillo en mano (todo se vale por recuperar tu ropa ¿no?) la muy infeliz, con un plop! abrio la maldita puerta y dejó caer toda la ropa al suelo.
Maldita sea la suerte que me hizo echar justo esa vez lavar más ropa que lo normal, pues la presión interior hizo que casi toda la ropa cayera al suelo. Y bueno, mejor ni les cuento que en una de mis pocas camisas blancas terminó todo el tehuacanazo. Es obvio y ahora público: odio la pinche lavadora.
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