Quiero creer que estoy volviendo

por beco el 28/07/2014

Me mandan este artículo: The Hardest Part Of Traveling, que habla de el regreso. Y sí, siempre es donde más fuerte le pega a uno viajar. Hace tiempo, tras un par de años allá, a punto de regresar de España a México me encontré y publiqué la poesía de Gabriel García Márquez «Viajar» y como comentario dejaron una que al día de hoy es una de mis poesías favoritas. Al grado que si me llegara a tutuar un verso sería el 13 de esta (todos estamos rotos pero enteros…).

Vuelvo / quiero creer que estoy volviendo
con mi peor y mi mejor historia
conozco este camino de memoria
pero igual me sorprendo

hay tanto siempre que no llega nunca
tanta osadía tanta paz dispersa
tanta luz que era sombra y viceversa
y tanta vida trunca

vuelvo y pido perdón por la tardanza
se debe a que hice muchos borradores
me quedan dos o tres viejos rencores
y sólo una confianza

reparto mi experiencia a domicilio
y cada abrazo es una recompensa
pero me queda / y no siento vergüenza /
nostalgia del exilio

en qué momento consiguió la gente
abrir de nuevo lo que no se olvida
la madriguera linda que es la vida
culpable o inocente

vuelvo y se distribuyen mi jornada
las manos que recobro y las que dejo
vuelvo a tener un rostro en el espejo
y encuentro mi mirada

propios y ajenos vienen en mi ayuda
preguntan las preguntas que uno sueña
cruzo silbando por el santo y seña
y el puente de la duda

me fui menos mortal de lo que vengo
ustedes estuvieron / yo no estuve
por eso en este cielo hay una nube
y es todo lo que tengo

tira y afloja entre lo que se añora
y el fuego propio y la ceniza ajena
y el entusiasmo pobre y la condena
que no nos sirve ahora

vuelvo de buen talante y buena gana
se fueron las arrugas de mi ceño
por fin puedo creer en lo que sueño
estoy en mi ventana

nosotros mantuvimos nuestras voces
ustedes van curando sus heridas
empiezo a comprender las bienvenidas
mejor que los adioses

vuelvo con la esperanza abrumadora
y los fantasmas que llevé conmigo
y el arrabal de todos y el amigo
que estaba y no está ahora

todos estamos rotos pero enteros
diezmados por perdones y resabios
un poco más gastados y más sabios
más viejos y sinceros

vuelvo sin duelo y ha llovido tanto
en mi ausencia en mis calles en mi mundo
que me pierdo en los nombres y confundo
la lluvia con el llanto

vuelvo / quiero creer que estoy volviendo
con mi peor y mi mejor historia
conozco este camino de memoria
pero igual me sorprendo.

—Mario Benedetti

estrecho de magallanes
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Reforma y la lluvia

por beco el 2/06/2014

No sé de dónde venga esa fascinación por los paraguas (flickr) y claro, por el ángel de la independencia (aunque sea una victoria alada).

Son pocas las veces en que prefiero el formato cuadrado de Instagram que el original de una foto (3:2), pero este caso es uno de ellos.

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«Donde los hombres se convierten en dioses», Teotihuacán

por beco el 29/05/2014

La leyenda mexica explica que en Teotihuacán se reunieron los dioses antes de que hubiese día y noche para decidir ¿quién alumbraría el mundo?

El primer hombre en ofrecerse para la penitencia y posterior sacrificio, Tecuzitecatl, era un hombre rico y como tal fueron sus ofrendas. Como nadie más se ofrecía, los dioses mandaron a Nanahuatzin que le entrara, él en cambio era pobre y estaba enfermo, sus ofrendas a diferencia de oro y plumas de quetzal fueron cañas verdes y heno. Tras hacer penitencia y elevar oraciones, los dioses encendieron un fuego y les mandaron a ambos entrar en él. Tecuzitecatl era el primero pero a la mera hora se rajó dándole paso a Nanahuatzin quien sin dudarlo cerró los ojos y entró. Siguiendo su ejemplo, Tecuizitecatl se agarró los huevos armó de valor y entró al fuego.

Los dioses esperaron y los vieron ya convertidos en dioses salir a uno por oriente y al otro por poniente, ambos brillaban con la misma intensidad, pero un asistente a la ceremonia le lanzó un conejo a la cara de Tecuzitecatl, lo que disminuyó su resplandor (los mexicanos somos trolls por herencia divina-genética que se puede trazar varios siglos atrás, el conejo en la luna lo prueba).

Decidieron entonces los dioses que ellos mismos debían morir para darle vida al Sol y a la Luna. Fue el viento quien se encargó de matarlos y empezó a soplar para así mover primero al Sol y más tarde a la Luna.

De allí nace el nombre con el que conocemos ahora a la antigua metrópoli de Teotihuacán, pues significa «lugar donde los hombres se convierten en dioses».

Es importante notar que los mexicas (o aztecas) encontraron a Teotihuacán ya en ruinas pues llegaron a visitar el lugar ocasionalmente al menos 500 años después de su caída y éxodo, de ahí que el nombre que perdura es en náhuatl y no otomí o mazahua o totonaco o … lo que se hablara en la ciudad [que aún no se tiene claro].

El maestro José María Velasco nos dejó esta imagen, respondiendo varias preguntas que tenía sobre cómo se vería hace unos siglos,

Pirámide del Sol desde la de la Luna, por José María Velasco.

Es posible que las pirámides originalmente hayan sido erigidas no al Sol y la Luna como las conocemos ahora (herencia mexica), sino a Tlaloc y su pareja Chalchiuhtlicue¹.

Y tú ¿hace cuánto no vas a Teotihuacán?
A menos de una hora del DF, las excusas son pocas. Los costos son:
– 2 × $69 casetas de autopista (contando ida y vuelta, opcional pero muy recomendable)
– $57 entrada por persona
– $45 estacionamiento de coche o camioneta

Una recomendación personal es entrar y estacionarse por la puerta número 2.

NOTA IMPORTANTE:
Esta es la entrada a un blog, no a una enciclopedia, hay cierta holgura en lo que se escribe (evitando errores y ambigüedades, siempre).

Fuentes:
1.- Historia Mínima de México, El Colegio de México, 2010
2.- Historia de México, FCE, 2010
3.- Wikipedia y su buena entrada de Teotihuacán

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Perderse entre libros (o Libros 3 – Kindle 1)

por beco el 5/05/2014

Desconecto el kindle de la pared, tras varios meses sin uso se había descargado por completo.

¿Qué tengo allí por leer? De los doce o trece títulos que creía tener guardados aparecen… ¡34! ¿De dónde chingados salieron tantos libros? La mitad de esos títulos no los ubico; de esos en casi todos no he avanzado más de 15% según la barra. Abro alguno al azar y leo la última página leída, “Sí, algo me suena, ahhh ¡ya! Este era de una reunión secreta en el sótano de una casa que tenía tigres y todos los vecinos estaban coludidos para matar a una chava… ¡una reverenda mamada!“. Abro otro, «Premio Novela blahblah 2011». Según el kindle llevo el 12% de avance. Otra vez: directo la última página leída y tómala: 3 faltas de ortografía (no intencionales). Delete –y eso que el espacio no es en este particular caso una restricción.

Insisto ¿de dónde chingados salieron estos títulos?

Y de alguna forma de doy cuenta que allí está una de las razones por la que por gran herramienta que sea el Kindle, que lo es, sigo prefiriendo mi biblioteca en papel, y por romántico que se oiga, va más allá del soporte en papel y su olor y su peso y sus cantos para escribir (y encontrar) notas y sus tradiciones enmarcadas por ese paralelepípedo rectangular construido por papel, cartón y tinta, llamado libro.

La razón se remite a la liturgia de encontrar un libro en las repisas; primero en una librería (o biblioteca) y luego en el desmadre de las repisas de mi casa o casa de mis papás.

No importa si es en una biblioteca, en una librería o en mi casa, la escena generalmente se compone de los mismos elementos: busco un libro en particular, piece of cake, entrada, búsqueda, hallazgo, [pago] y finalmente, salida. Cinco minutos, máximo. ¡Simón! Dos horas y una tajada a la cartera mucho más grande de lo que consideraba después, logro salir de la librería, si es el caso; o si es en casa: media hora buscando entre mi estricto sistema de orden patológicamente mal llevado, sacando y guardando libros que por cualquier razón me llaman la atención, tras soplar el polvo en algunos casos y luego pasar los dedos por el troquel, casi invisible las más de las veces, los hojeo para encontrar notas o subrayados (siempre a lápiz) y tras tres o cuatro flashbacks con sus respectivas sonrisas para uno mismo, volver a guardarlos, olvidando obviamente lo que originalmente estaba buscando (o no).

Y allí justamente, tras la búsqueda, radica uno de los más grandes placeres que encuentro alrededor de la lectura: el hallazgo bien calculado de un libro. No estoy seguro haber ido alguna vez a comprar un libro y haber salido con sólo ese libro y ningún otro. Soy de aquellos que compran muchos más libros de los que tienen tiempo de leer. Tanto que tengo la estricta regla en una librería de no llevarme más de lo que pueda cargar con una sola mano. En algún temblor nocturno del 2013, la pila de libros en mi buró me cayó encima mientras dormía, “madreado por sus libros” (y aunque la seguridad [safety] en particular podría ser un punto para el Kindle) sentí cierto orgullo que inmediatamente después dio paso el auto-zape por tener tanto por leer y nomás no avanzar.

A diferencia de los libros electrónicos en los que la mayoría de las veces uno le da click a no-sé-dónde (libros gratis, regalo del día, one click checkout…) y uno termina con un .MOBI en la carpeta de descargas para que el Calibre automáticamente lo convierta y pase al Kindle, o mágicamente aparezca allí. Que no se me mal entienda: me gusta, la experiencia de lectura se me hace suficientemente buena. Su practicidad por tamaño es innegable, sobre todo en viajes. Después de todo, cuando se diseñó el libro, la usabilidad nunca fue una variable en la fórmula original, cuando en el Kindle sí.

Y es que muchos estarán de acuerdo: un libro, o colección de estos puede ser origen de pasiones muy bajas. Y como muestra: book porn, uno de los mejores tumblr’s que conozco.

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Santo Domingo Yanhuitlán

por beco el 29/04/2014

Por recomendación (y hasta cierto punto recordatorio) de Emilio Velázquez (corredor de La Carrera Panamericana), en vez de irnos directo de la ciudad de Oaxaca hacia el DF, hicimos escala en Santo Domingo Yanhuitlán, imponente convento dominico que había logrado ver de reojo sólo por afuera durante el tercer día de carrera.

Y así, salimos de la autopista rumbo a Nochixtlán (salida por cierto, muy poco ortodoxa, pues para entroncar tienes, a huevo, que cruzar una gasolinera… por adentro) y luego hacia Santo Domingo. En cuanto pasas San Andrés Sinaxtla y entras al valle, unos diez kilómetros antes de llegar, al fondo se deja ver este imponente edificio del siglo XVI.

El edificio en sí es una majestuosidad, pero papel aparte es el trabajo de restauración (que duró 12 años) por parte del INAH, impresionante. Con gusto pagas la entrada ($35pp + $40 por cámara). Dividido en dos secciones: el recinto conventual por una parte, y la iglesia y sacristía por otra. El primero a cargo del INAH y el segundo a cargo ahora de la mayordomía del pueblo, quienes hartos del saqueo de arte sacro (57 –exactos– tristísimos vacíos se ven en retablos, altares e incluso frescos) tomaron responsabilidad del templo de manos de la curia católica [palabras textuales], aunque sigue fungiendo como templo.

Dentro del convento hay un pequeño museo de sitio cuya joya principal es el increíble códice de Yanhuitlán (~1550, hecho ya sobre papel español y con estilos mezclados), aunque habla poco del centro ceremonial prehispánico sobre el que fue construido; y una pequeña exposición sobre la restauración del lugar (pr0n para arquitectos, me cae).

Santo Domingo Yanhuitlán

fachada de la iglesia

[17 fotos en el post]
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Eclipse

por beco el 15/04/2014
1/4th eclipse

Abril 14.

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Al horizonte

por beco el 7/04/2014
al horizonte

Ibarrilla, León, Guanajuato, México.

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WRC Rally México ’14

por beco el 25/03/2014

Del 5 al 9 de marzo, se llevó a cabo el WRC Rally México (primo de la Fórmula1, ambos regidos por la FIA).

La organización del evento se llevó las palmas no sólo por los espectadores sino que equipos, pilotos y dirigentes mostraron estar felices con el evento.

En esta edición además, Benito Guerra (Jr.) consiguió el mejor puesto que algún mexicano haya alcanzado en la categoría mayor del WRC al terminar en un increíble sexto lugar.

 

#1  Sebastian Ogier en una rápida visita al D.F.

 

#2  La presentación del equipo VW en el D.F.

 

#3  El equipo Ford alineado en el Service Park en Leoón

Además, mi más sincero agradecimiento a Andrea, Eugenio, Bonnie, Alexis y toda la banda de la organización del evento. Bien lo dijo Luis Moya, el Rally México, gracias a su gente, ha sido por muchos años referente en profesionalismo, innovación, calidad y diversión.

[post con 35 fotografías]
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La «suerte» necesaria para tomar una buena foto

por beco el 27/02/2014

El llamado Bang-Bang club es un grupo de fotógrafos de guerra que trabajaron al final del gran conflicto sudafricano derivado del Apartheid. Con el mismo título hay un libro escrito por Greg Marinovich y João Silva que da origen a una película (también) con el mismo nombre: The Bang Bang Club [imdb].

Es una buena película, pero entre otros muchos, hoy me acordé de este diálogo, que usando el extremo de fotografía de conflicto me ayudó a dejar bastante claro mi punto.

En un bar en Johanesburgo están discutiendo Ken Oosterbroek (importante fotógrafo sudafricano) y un tal Jimmy, acerca del recién anunciado premio Pulitzer para el joven fotógrafo (también sudafricano) Greg Marinovich por una crudísima foto de un hombre ardiendo mientras es muerto a machetazos (si hay vícera suficiente, foto aquí).

Jimmy – ¿Sabes, él no sabía qué era? Esuché que tuvieron que explicarle qué era un Pulitzer. [Se ganó el premio por] Pura suerte. Pregúntame, Ken. Te lo digo: simple y sencilla suerte.

Ken – Sí, Jimmy. Sólo tienes que tener la suerte de estar a 3 metros de un hombre ardiendo1. Por suerte, estás a sólo medio metro de un vato con una navaja, lanzándote cuchilladas a la nuca2. Y claro, tienes que tener el ojo clavado en el visor de la cámara3, ¿correcto? Revisas la apertura, una apertura para tomar una pared de fuego4, ¿estamos? Entonces mi buen, cuando seas así de suertudo, ven a verme. Y podemos hablar si Greg Marinovich se merece el Pulitzer o no.

Jimmy – Tranquilo mano, sólo estaba diciendo5.

[Mi (holgadísima) traducción del diálogo pierde mucho. Tras el corte (al final del post), la transcripción en inglés, original de la película].

Nunca he hecho en fotografía de conflicto (como tal), pero siempre hay escenarios que en mayor o menor medida queden adhoc con este diálogo, que expone 4 puntos para tomar una buena foto (y un último importantísimo para la vida):

1.- Estar en el lugar. El tema de la distancia lo resume Robert Capa: “si tus fotos no son suficientemente buenas, es por que no estas suficientemente cerca”. Esa cascada chingonsísima que recuerdas de algún viaje a Real de Catorce, no va a pasar entre tu sala y comedor (a menos que hayas sido primer ministro ucraniano), ni por Churubusco. Hay que ir y buscarle.

2.- , [algo de] suerte (pero la suerte se busca). Que un pájaro en vuelo se meta a cuadro, que un coche en la noche barra lumínicamente tu long exposure, que pase una estrella fugaz, que alguien de la multitud voltee a la cámara y automáticamente se convierta en el sujeto…

3.- Ninguna cámara encuadra la escena sola. Ojo, además: visor (o mirilla), no pantalla. El visor hace que el fotógrafo reduzca su mundo a un cuadrado cerrado evitando muchísima contaminación y detallando cada toma sin luces, brillos ni movimiento externo. Desconfío a priori de quien se dice fotógrafo y usa una reflex tomando fotos desde la pantalla.

4.- Saber usar la cámara. Ninguna cámara (aún) sabe decidir cuál es el mejor punto de foco, dónde medir exactamente la luz en el cuadro (que no sea el centro o todo el promedio de toda la escena), cuál es la apertura óptima para la escena que se desea retratar. ¿Sobre o subexponer?

Photograph hat in black by alberto alcocer on 500px

5.- Saber cuándo se ha perdido una discusión (o dicho una pendejada) y para salvar lo que quede de honra, haya que pagar las chelas.

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La Carrera Panamericana

por beco el 23/02/2014

Frente a la alameda de la Ciudad de México están estacionados más de setenta autos clásicos preparados para competencia. Enmarcada por el potentente rugido de sus motores; Mustangs, Oldsmobiles, Prosches, Volvos, Triumph (sí, también hacían coches), una impresionante caravana de autos de colección acaban de cruzar la ciudad desde la entrada de Puebla y terminaron la etapa de tránsito en el arco de llegada que está instalado justo enfrente del imponente Palacio de Bellas Artes. Termina el cuarto día de competencia de La Carrera Panamericana edición 2013 que tras varios años de ausencia, pasa de nuevo por la capital del país.

Las tripulaciones de una veintena de países apagan motores, se deshacen de cascos, HANS devices y guantes para intercambiar con sus mecánicos los pormenores del día mientras una nutrida multitud de espectadores camina junto a ellos tomándose fotos con autos y tripulaciones. La distracción de la foto provoca que los pilotos se den cuenta del inesperado espectáculo que tienen ante sí: el majestuoso centro de la ciudad de los palacios engalanado especialmente para recibirlos.

No es para menos. Una de las carreras en carretera abierta (open road race) más importantes del mundo, y para muchos la más clásica de todas, celebra su vigésimo sexta edición más fuerte que nunca.

La historia se remonta a 1950, cuando el gobierno federal organizó la primera edición de La Carrera Panamericana celebrando el recién concluído tramo nacional de la carretera Panamericana (que recorre el país desde Tuxtla Gutiérrez hasta Ciudad Juárez), con el propósito de atraer la mirada internacional al país e inmediatamente se volvió centro de atención en el ambiente automovilístico internacional. Las más importantes armadoras tanto americanas como europeas mandaron equipos oficiales a competir, considerando esta carrera como un inmejorable campo de batalla para celebrar su marcada rivalidad. Es en esta primera época de La Carrera, cuando compiten en México pilotos de la talla de Juan Manuel Fangio (el más grande corredor de todos los tiempos), Piero Taruffi, Felice Bonetto (quien pierde la vida en la edición 4 de la carrera), Phil Hill, entre muchas otras celebridades del momento.

Debido a serios problemas de seguridad que derivaron en varios accidentes fatales, la celebración anual de la carrera es suspendida indefinidamente hasta que en 1988 un grupo de entusiastas del automovilismo deportivo logra organizar la edición para ese mismo año, inaugurando así la segunda época de La Carrera Panamericana.

La importancia de esta justa se entiende fácilmente cuando marcas de renombre internacional la citan como inspiración para nombrar sus productos, como entre muchos otros es el caso de los modelos Carrera de Porsche (1970′s), los lentes Carrera (1956) y la legendaria serie de cronógrafos Carrera de Tag Heuer (marzo de 1962) [acá un increíble artículo con la historia y profundo análisis del primer cronógrafo Carrera].

Medio siglo después, la importante casa relojera suiza TAG Heuer celebra esta vieja amistad y los 50 años de la colección presentando (a la fecha) dos series limitadas de 250 piezas del cronógrafo Carrera, la primera en el 2012 y una segunda en el 2013. Para este último, un inponente cronógrafo Calibre 1887 con piñón oscilante, el orgullo de la marca, pespuntes en rojo y carátula en negro, lleva orgulloso el sello de La Carrera Panamericana.

Esta segunda época de La Carrera Panamericana celebra año con año un homenaje al espíritu con el que fue concebida originalmente La Carrera y aunque exige los más altos y actualizados estándares de seguridad de competencia automovilística, respeta las categorías y los años de fabricación de modelos que pueden participar. Se compite por puro amor al deporte; no puntúa en ningún serial y no hay premio económico alguno, pero el orgullo de sólo terminarla infla orgulloso el pecho de quien lo logre.

Sí, aunque la ruta, la tecnología, los coches y muchas cosas más alrededor de la carrera han cambiado en este medio siglo de historia, prevalece lo más importante de todo: la férrea competencia entre la dupla hombre-máquina en contra del tiempo.

[20 fotos en todo el post, 15 a partir de este punto]
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